La politiquera llega con dulces


Históricamente la política ha estado presente en nuestra vida, pero, desafortunadamente se desdibuja el objetivo de este concepto en tiempos electorales; los lideres y lideresas que arriesgan su vida en el territorio defendiendo luchas colectivas como las ambientales, sociales y culturales han visto que a través de cargos políticos pueden tener mayor incidencia en algunas decisiones trascendentales que transforman algunas cosas en los sectores.

Pero, también se evidencias los politiqueros, personajes que utilizan algún tipo de influencia y credibilidad para alimentar un racismo estructural, no solo aprovechándose de familias enteras con necesidades básicas, sino jugando con las emociones de los más vulnerables. No contentos con colocar sus carteles gigantes que contaminan el medio visual, llegan a los barrios periféricos con cualquier "regalito" para llegarle a los adultos, es decir usan a las niñas y niños como medios para llegar a su población objetivo.  

Esto acaso no es violencia estructural, querer alcanzar sobre todas las cosas un propósito de poder sesgado que usa "el futuro" de un país como objeto, esto no es política, es tergiversación de la lucha que muchos han organizado para dar una vida digna a los territorios más olvidados y azotados por problemáticas que los politiqueros ni alcanzan a dimensionar. Aunque sus redes sociales muestran lo cercanos que están a los pobres, compartiendo dulces o comida; haciéndolos ver como salvadores de carne y hueso.

Solo podemos dejar a modo de reflexión un texto que encontramos en una imagen; 

Voten por convicción, por lo que creen, por opinión, por amor y por lo que creen, quieren y sueñan para Colombia.  Nunca voten por miedo, por favores, ni mucho menos por dinero. El voto vale mucho, pero no tiene precio. ¡No se dejen comprar!


   

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