El rebusque



El paradero más cercano de los sectores de Santa Marta, República de Canadá, Villa Esperanza, Universidad, Rincón de Mochuelo y Arabia; es el de Arabia donde salen rutas del SITP por la Kra 30, Av Boyacá, Bosa, Zona Franca y el alimentador que ahora pasa todo el día, este ha sido un gran logro de las y los líderes de juntas de acción comunal. Pero, este texto no tratara de las rutas, que tiene muchas falencias y afecta a las comunidades de estos sectores.

Queremos hablarles sobre los trabajos informales, esa labor a la que se ven obligadas muchas mujeres y hombres de la periferia, acompañados en su gran mayoría por sus hijos o hijas, personas que no tuvieron oportunidades o que simplemente la vida los puso en un lugar diferente; usted que tiene tiempo para leer estas líneas, valore su vida y por favor, evite juzgar a quien se rebusca el pan de cada día.  


Un sábado lluvioso y frío por la mañana, baja de la loma una mujer pequeña con rasgos indígenas acompañada por otra mujer de mayor edad, bajan apresuradamente con un carro de mercado lleno de cosas que a simple vista no se identifican, sus zapatos cubiertos hasta la mitad por una capa gruesa de barro hacen más pesados los pasos. Llega el alimentador 6-5C Arabia, las mujeres se suben con prisa dejando pequeños rastros de barro por el piso del transporte. 

En ese mismo lugar llega una mujer morena de cabello largo con cola de caballo, grita fuertemente llamando a dos niños de 6 y 8 años aproximadamente, la señora lleva una maleta de viaje, una cobija gruesa y dos rejas blancas medianas. La mujer al subirse vuelve alzar la voz llamando a los niños para que se hagan cerca a ella. El alimentador hace una parada en el Tesoro, se bajan las dos mujeres y se introducen por una cuadra empinada donde empiezan a gritar - ¡Tamales, tamales! - 


La otra mujer se baja con sus dos niños en la última parada, en Quintas del Sur, un sector comercial donde ella labora; las rejas las ubica contra una pared, le sirve como un puesto improvisado donde coloca calcetines, ropa interior y accesorios para vender, para no dejar a sus hijos solos; los lleva con ella. Existen muchos casos en toda la periferia, no solo de Ciudad Bolívar, sino de Bogotá, en los semáforos se ven mujeres y hombres vendiendo bolsas, productos (Refrescos, energizantes de marcas), accesorios, flores, limpiando vidrios, haciendo algún acto de magia, baile o piruetas con tal de conseguir algo de dinero para llevar a sus casas y mermar el hambre de sus familias. Mientras esto sucede algunos, bebés, niños y niñas juegan inocentemente en las aceras, separadores de avenidas principales y eso sin mencionar las familias que tiene pequeños con discapacidad o que ellos mismos tengan alguna discapacidad. 

Muchas de estas mujeres y hombres, solo tienen hasta cuarto o quinto de primaria, son cabezas de hogar y no están esperando un subsidio, como suelen pensar algunos; por el contrario sueñan con tener un empleo donde les permitan estar pendientes de sus hijos o familiares, una utopía, en estas labores informales no se tiene seguridad social, es decir los aportes económicos para poder ingresar a protección básica y satisfacer sus necesidades presentes y futuras (salud, jubilación, muerte o incapacidad) son una ilusión que se desvanece en las calles. 

Según cifras del Dane, la proporción de ocupados informales en las 13 ciudades y áreas metropolitanas fue 43,5% para el trimestre móvil marzo - mayo de 2022, lo que significó una disminución de 3.1 puntos porcentuales respecto al mismo trimestre del año anterior (46,6%). En Bogotá para esas fechas hay un aproximado de 1.308 personas informales. 

Por: La Loma CB






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