"Los brazos del árbol"
Por: Yuri Andrea Castro Esquivel
Andrés es un niño de 6 años muy creativo, busca siempre descifrar a su manera las incógnitas que posan en su cabeza como mariposas, cierto día pregunta a su madre “¿por qué el árbol de la montaña esta tan solo?”, ella responde mientras va doblando ropa “Es el único que no ha podido arrancar el hombre”. El niño se acerca a su madre y pregunta con curiosidad “¿Y por qué?”, ella mira la venta y contesta “Ese árbol sostiene con sus raíces esta montaña; si lo cortan, todos los que vivimos acá, desapareceríamos”. El niño vuelve a la ventana a observar el árbol y se queda pensando.
Inquietado el niño decide ir a indagar, mientras camina con sus botas de caucho, se dice a sí mismo “¡ahora entiendo porque hay señores y perros custodiándolo!”, busca la manera de entrar con precaución para que no lo vean. En televisión ha visto que los soldados se arrastran por el pasto, el hace lo mismo. Cuando llega, solo ve un árbol pequeño y delgado. Se vuelve a preguntar observándolo por todos lados “¿No entiendo cómo esta ramita puede sostenernos?”, después de unos minutos regresa a casa.
Pasan varios días y Andrés no ha podido descubrir como ese pequeño árbol sostiene una inmensa comunidad, indaga a sus maestros y amigos; pero no queda satisfecho con las respuestas que le dan. Una noche, el pequeño sueña con un árbol gigante que se levanta y recorre todo el barrio, pero este va quedando sin ramas, hasta convertirse en un palo seco y hueco; de repente observa como le sale agua en cantidades alarmantes por una pequeña perforación, hasta que toda la montaña se convierte en lodo, y al final solo queda un campo seco y árido.
Se despierta asustado, se levanta como de costumbre para ir al colegio, mira el árbol con incertidumbre y se marcha. Desde las diez de la mañana, grandes maquinarias pesadas llegan a inundar el barrio donde vive Andrés, pese a que es zona montañosa llegan a la cima, empiezan sin piedad a arrancarle la piel a la montaña, le sacan sus piedras con indiferencia, abren huecos y le esparcen cemento por su superficie, hasta que tratan de talar el árbol que durante años la comunidad ha defendido.
Cuando su madre lo recoge del colegio, nota un aire de tristeza, el niño pregunta “¿Qué tienes mamá?”, sin recibir una sola respuesta. Llegando a su barrio, ve mucha gente con palos, gritando y llorando; al otro costado ve a robots negros lanzando bolas pequeñas que al tocar el suelo se convierten en humo de colores, Andrés confundido observa el rostro de los adultos intentando comprender lo acontecido; y se percata de que las personas y perros no estaban cuidando el árbol, sino la tierra donde quedarían estructuras gigantes de cemento que habitarían personas en un futuro. El niño se suelta de la mano de su madre, recuerda la entrada secreta por la que ingreso la última vez, con todas sus fuerzas corre hasta llegar al árbol.
Andrés mira a su alrededor y ve una ciudad oscura mezclada con lágrimas, rabia, odio y violencia. En su cuerpo siente frio… su respiración se agita, siente miedo y lo único que logra hacer es abrazar el árbol; sus ojos sollozan, los cierra y en voz baja dice “¡Señor árbol, si es verdad que tú nos sostienes, para este caos!”
En cuanto el niño termina la frase, una nube gris cubre la montaña y empiezan a caer piedras blancas del cielo mezcladas con agua, para Andrés es como si hubieran llegado los vecinos a salvar el árbol.
La mamá del niño lo llamo con gritos y él se ve obligado a ir a los brazos de su madre, camina mirando hacia atrás; ve como el árbol crece vigorosamente, mientras sus lágrimas se confunden con la gotas de lluvia; su madre lo cubre con una chaqueta y lo abraza, la tierra se abre dividiendo el barrio; en un lado la comunidad y en el otro los que para Andrés eran robots, dejando un inmenso conducto de tierra, después de dos horas de lluvia, se convierte en una quebrada.
El árbol, más imponente que nunca, escucho al niño y suspendió el desorden.
Nota de la autora: este microrelato se crea en el año 2015 en la localidad 19, Ciudad Bolívar.
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